Hablar de seguridad vial resulta necesario, en todas las esferas sociales. Tanto las empresas como la sociedad tienen un compromiso al respecto, que se traslada también al ejemplo que le damos a los más chicos, las futuras generaciones. 
Según datos del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social de Paraguay, los siniestros viales son la quinta mayor causa de muerte en el país y fueron la principal causa de muerte en el periodo de 2006 al 2018: son uno de los principales problemas de salud pública a nivel nacional. Existe la perspectiva de que los siniestros no son “accidentes”. Un ejemplo concreto de una ciudad que ha avanzado en la reducción de casos es Oslo, la capital de Noruega, que no ha registrado muertes de ciclistas y peatones en 2019; solamente se registró como víctima fatal a un solo conductor en las calles de la ciudad durante ese año. Se ha logrado esta reducción a través de medidas específicas, como limitar el acceso de vehículos a ciertas áreas urbanas, la reducción de los límites de velocidad, intervenciones de tránsito calmado en zonas escolares, la ampliación de veredas e implementación de bicisendas.  
También existen tipos de seguridad vial. Es decir, una clasificación general que cada persona y/o empresa desarrolla desde su lugar. La primaria o activa tiene como misión principal evitar que los accidentes ocurran. Es aplicada a los conductores, peatones, pasajeros, vehículos y vías. Ejemplos claros de este tipo de seguridad primaria son las señales de tránsito, el correcto funcionamiento de cada uno de los sistemas del vehículo, además de prudencia, habilidad y destreza del conductor.  
En la secundaria o pasiva, el objetivo es reducir al máximo las consecuencias de un accidente en el momento en el que ocurre. Los ejemplos más precisos son los usos del cinturón de seguridad y airbag, elementos que harán que los impactos -en caso de accidente- sean menos graves.  
Por último, está la terciaria que, aunque no sea tan mencionada o reconocida, también hace referencia a reducir las consecuencias de un accidente. Prevenir una explosión deteniendo el escape de gasolina o contar con seguro todo riesgo para el vehículo, podrá atenuar los daños personales y materiales que traen consigo los accidentes de tránsito. 

Vigilancia 
Cada nación tiene la responsabilidad de desarrollar un plan de seguridad vial. Sin políticas ni planes gubernamentales para la seguridad vial, el trabajo resulta aislado y, generalmente, más por la iniciativa, dedicación, compromiso y esfuerzo de empresas del área privada, que reconocen el problema y logran algunas acciones gubernamentales. De todas maneras, son valiosas. La vigilancia del tránsito vehicular debe ser eficiente y coordinada.  
Como ya hemos mencionado en otras secciones de nuestro blog, a la hora de viajar en forma terrestre, la iluminación es esencial para la seguridad vial. Tanto en los aspectos reglamentarios de los vehículos como a la señalización gráfica y visibilidad de los caminos. En 2017, la ruta que une las localidades de Limpio y Mariano Roque Alonso fue iluminada con luces LED: fue la primera en ese tipo de servicio y estuvo a cargo de Roggio. 

 

Integración 
Otro testimonio de la apuesta de Roggio, en la construcción de caminos que mejoran de manera sustancial las condiciones de seguridad y refuerzan la integración de los distintos sitios del país, es la ruta que une a las localidades de María Auxiliadora y Natalio, en el departamento de Itapúa. Esta obra fue fundamental para impulsar el progreso de la región y elevó la calidad de vida de unos 50 mil habitantes. El camino significa progreso: por eso debemos contemplar todas las características de tiene, principalmente la seguridad de su tránsito. Las rutas no sólo brindan facilidades para la circulación, sino que una ruta en óptimas condiciones permite que las personas mejoren la calidad de vida, en el sentido de que pueden salir a estudiar, trabajar, comercial, realizar actividades sociales, etc. El asfalto es un instrumento de conexión y desarrollo. En un país como Paraguay, que presenta mucha dispersión geográfica, se necesita conectar a las comunidades para alimentar el concepto del crecimiento integral. 

Respeto a los peatones 
En julio de 2018 , estudiantes de 20 instituciones educativas de Asunción presentaron propuestas para disminuir los siniestros vehiculares en las calles. Fue parte del proyecto “Seguridad Vial en el entorno escolar con enfoque inclusivo”, impulsado conjuntamente por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF); la Municipalidad de Asunción; el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC); Touring y Automóvil Club Paraguayo (Tacpy); la Agencia Nacional de Tránsito y Seguridad Vial (ANTSV); y la Patrulla Caminera.  
Apoyados en maquetas preparadas para el efecto, los estudiantes propusieron que los conductores respeten más a los peatones. ¿Cómo se logra eso? En primer lugar, con campañas de concientización sobre las reglas que rigen el tránsito. También insistieron en que la ciudadanía necesita conocer mejor estos reglamentos. En cuestiones de infraestructura, los jóvenes solicitaron a las autoridades que reparen las veredas en mal estado, instalen puentes peatonales y coloquen señalizaciones en las inmediaciones de los centros educativos.  
Tenemos que lograr un cambio cultural para modificar nuestra forma de comportarnos en las calles. Por este motivo, el proyecto “Seguridad Vial en el entorno escolar con enfoque inclusivo” se implementa desde 2017 e involucró a unos 1.800 estudiantes de 28 instituciones educativas, que asistieron a jornadas de capacitación y realizaron un diagnóstico de seguridad y accesibilidad de sus entornos escolares. 

Riesgos 
Las obras de construcción son proyectos que, por lo general, toman bastante tiempo en ejecutarse, requieren de varios equipos de trabajadores que laboran en jornadas diurnas, nocturnas e incluso, durante las madrugadas, con la finalidad de acelerar los procesos. Estas actividades implican una serie de riesgos físicos para las personas que están en el proyecto y para los que circulan por su periferia.  
En toda actividad humana concurren tres factores. En lo que a la seguridad vial respecta, tenemos tres esferas inseparables, relacionadas una entre sí: el ambiente, la máquina y el hombre. En materia de accidentes de tránsito, estos tres factores se conjugan en lo que se conoce como «el triángulo accidentológico». En esta figura geométrica, la base es ocupada por el «factor humano»; uno de los catetos por el «factor ambiental»; y otro, por el «factor automotriz». Por ejemplo, el tipo de calzada, banquinas, la existencia de peralte, puentes, alcantarillas, pendientes y abovedamiento de la vía de circulación, su construcción, estado de conservación y mantenimiento influirán también en la circulación de los vehículos y en los siniestros que se puedan producir.  
Pero esto no puede pensarse sin considerar, por ejemplo, la importancia de la adherencia entre el neumático y la calzada, el comportamiento del conductor, del peatón, etc. 
Es por ello que insistimos en la convivencia eficiente de todos aquellos factores, para poder garantizar obras eficaces, tanto en su proceso como en su resultado, que impacta de forma directa e influyente en nuestras vidas.